La distracción con el celular y la indisciplina afectan el aprendizaje en Argentina

Más de la mitad de los estudiantes argentinos que participaron de la prueba PISA 2022 reconocen que se distraen en clase usando dispositivos digitales. Además, el 44% afirma que no escucha lo que dice el profesor en la mayoría o en todas las clases.


El 54% de los estudiantes argentinos que participaron de la prueba PISA 2022 reconocen que se distraen en clase usando dispositivos digitales. La cifra se ubica muy por encima del promedio de la OCDE (30%) y surge de las respuestas de los alumnos de 15 años a los cuestionarios de las últimas pruebas PISA, cuyos resultados se conocieron este martes.

Por primera vez, en 2022 los estudiantes argentinos de 15 años resolvieron la prueba PISA en formato digital.

Los datos de PISA 2022 mostraron que, en Matemática, 7 de cada 10 (72,9%) estudiantes argentinos no alcanzan el nivel de desempeño que la OCDE considera “básico”. Con un puntaje promedio de 378 puntos en esta materia, la Argentina quedó en el puesto 66 de los 81 países o regiones evaluados. Los desempeños también se mantienen bajos en Lectura y en Ciencias, donde más de la mitad de los estudiantes no alcanzan el nivel mínimo (55% y 54%, respectivamente). Los cuestionarios complementarios de la prueba arrojan algunas pistas que pueden ayudar a entender estos datos.

El informe de la OCDE para Argentina señala que “muchos estudiantes estudian matemática en un clima disciplinario que no es favorable al aprendizaje”. Entre otras cuestiones, advierte que 3 de cada 10 estudiantes (31%) argentinos informaron que “no pueden trabajar bien” en la mayoría o en todas las clases; para la OCDE, el promedio es 23%.

Además, casi la mitad de los alumnos (44%) afirma que no escucha lo que dice el profesor en la mayoría o en todas las clases (en la OCDE, el promedio es 30%). Solo el 13% de los estudiantes argentinos sostiene que este problema no sucede “nunca o casi nunca”.

“Más allá de los rankings, es importante analizar a fondo la información, incluyendo los cuestionarios que responden los directores y los estudiantes. Un tema que llama la atención ya desde ediciones anteriores de PISA es el relativo al ambiente de trabajo”, planteó Cecilia Veleda, doctora en Sociología de la Educación y exdirectora del Instituto Nacional de Formación Docente. Para Veleda, las respuestas los estudiantes arrojan “números preocupante sobre el clima escolar, una condición esencial para poder aprender”.

“Estamos en una situación dramática y de alto perjuicio para los adolescentes, que sienten que no tienen ‘cabeza’ para Matemática, e incluso buscarán elegir carreras que no tengan esa materia, a la cual han aprendido a tenerle temor. Esta toma de PISA tiene extensos cuestionarios complementarios sobre el aprendizaje y la enseñanza de la matemática: pueden ser un buen punto de partida, si de verdad hay interés político, técnico y social en encarar esta necesidad de aprendizaje”, analizó Irene Kit, presidenta de la asociación civil Educación para Todos.

Celulares el aula: un factor de distracción

Uno de los elementos que aparecen como más disruptivos es la presencia de celulares en el aula. Los estudiantes argentinos afirman que se distraen no sólo por su propio uso de dispositivos (54%), sino también por otros estudiantes que utilizan celulares en el aula (46%).

Para Santiago Bellomo, decano de la Escuela de Educación de la Universidad Austral, hay al menos dos factores que deben considerarse para analizar estos datos: “El primero tiene que ver una capacidad que debe desarrollarse con urgencia entre niños y adolescentes: la autorregulación. Ellos asocian el uso de la tecnología con el entretenimiento y la socialización. El acceso a dispositivos con conectividad coloca a los estudiantes en ‘modo entretenimiento’ o ‘modo interacción social’. El ‘modo educativo’ no es el que surge por default”.

En otras palabras, promover el “uso pedagógico” de los dispositivos que defienden algunos especialistas requiere “reeducar” los hábitos a los que están predispuestos los estudiantes. Bellomo compara: “Es como llevar una pelota de fútbol al patio para enseñar geometría. Trabajar geometría o física con pelotas es posible, siempre y cuando los participantes tengan capacidad para vencer el primer impulso natural y concentrarse en la tarea”.

El segundo factor es lo que Bellomo llama el “mito del multitasking”: “Suele decirse que los nativos digitales tienen capacidad para llevar adelante varias actividades en simultáneo, algo que las nuevas tecnologías tienden a convertir en ritual dominante. Pero los estudios de neurociencia han demostrado que, para ciertas tareas, el multitasking conspira contra la retención y uso de la memoria de trabajo, la que se aplica de manera dominante en la vida académica”, explicó.

El informe de PISA señala que la prohibición de celulares en el aula puede contribuir a la concentración de los alumnos: “En los países de la OCDE, los estudiantes tienen menos probabilidades de informar que se distraen usando dispositivos digitales cuando se prohíbe el uso de teléfonos móviles en las instalaciones escolares”.

¿Prohibir los teléfonos en la escuela?

Viviana Postay, docente de nivel superior, formadora de docentes y referente de Argentinos por la Educación, planteó la necesidad de prohibir los celulares en las aulas: “El celular prendido en clase es un obstaculizador; nos lo están diciendo los números. Por otro lado, los espacios de uso pedagógico del celular son extraordinariamente limitados”.

Varios países han avanzado en la prohibición de celulares en la escuela. Este año, un informe de la UNESCO recomendó restringir el uso de dispositivos en el aula para favorecer la concentración de los estudiantes. China –cuyos estudiantes ocupan las primeras posiciones en PISA– implementa restricciones severas al uso de teléfonos en adolescentes. Algunos países europeos –Francia, Países Bajos, Reino Unido y algunas regiones de España– avanzaron en este sentido, al igual que varios países asiáticos. La semana pasada, Nueva Zelanda se sumó a esta lista, que incluye también a Australia, Canadá y algunos estados de Estados Unidos.

En Argentina, algunas provincias habían prohibido el uso del celular en la década del 2000, recordó Postay. Luego, con la pandemia, el celular fue “la gran solución” para que los estudiantes se mantuvieran conectados con las escuelas.

“Desde mi perspectiva, ahora estamos en un momento en el que tenemos que pasar a la prohibición. Es un término que suena obsoleto, la gente se enoja, parece que fuera ‘poco democrático’. Pero el derecho a aprender de los chicos argentinos nos obliga a cerrarle la puerta al celular”, afirmó Postay.

“Nos urge dejarlo de lado porque nuestros estudiantes están en una situación de crisis de aprendizajes. Si ellos mismos están diciendo que se distraen con el celular, ¿nos vamos a hacer los tontos y vamos a seguir sosteniendo la ficción del uso pedagógico?”, continuó.

Postay planteó que, como contracara, es necesario que el Estado provea recursos –libros, películas, proyectores– para que no haga falta que los alumnos saquen sus celulares si, por ejemplo, el docente quiere mostrarles un video. Y agregó que, para fortalecer la concentración –fundamental para matemática, pero también para la comprensión lectora–, es necesario potenciar el uso del papel: “Como dice Sofía Contreras, el gran superpoder en esta época es la concentración”.

La especialista argumentó: “Cuando estás leyendo en el celular un pdf de Historia, te entra el mensaje de Whatsapp de un amigo, la publicidad para renovar las zapatillas, una notificación de Instagram, y ya te distrajiste. Además, sabemos que los algoritmos están diseñados con la lógica del mercado y, cuando vos estás en la escuela, la lógica tiene que ser pedagógica”.

(Infobae)

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