En un contexto de creciente malestar social por la inseguridad, la ciudad de Mar del Plata fue escenario el pasado 30 de diciembre de 2025 de una secuencia que refleja una tendencia cada vez más recurrente: ciudadanos que, cansados de ser víctimas de la delincuencia, deciden perder el miedo y enfrentar a los asaltantes. El episodio, ocurrido en el barrio Peralta Ramos Oeste, quedó registrado por cámaras de seguridad y muestra la violencia con la que operan los «motochorros».
El hecho se produjo cerca de las 21:30 horas en la calle Casildo Villar, entre Magallanes y Ayolas. Una mujer llegaba a su domicilio y, mientras descendía de su vehículo para abrir el portón del garaje, fue interceptada por dos sujetos en una motocicleta oscura. Mientras uno de los asaltantes permanecía al mando del rodado, su cómplice abordó a la víctima, le arrebató las llaves y logró subirse al automóvil con la intención de escapar.
La reacción ante el hartazgo social
Lo que los delincuentes no previeron fue la decidida intervención del esposo de la víctima. Al advertir la situación desde el interior de la vivienda —alertado por los gritos, los ladridos de los perros y la activación de la alarma—, el hombre salió rápidamente y, sin dudarlo, enfrentó al delincuente a golpes de puño dentro del habitáculo.
Esta reacción, que logró frustrar el robo, es vista por los especialistas como un síntoma del agotamiento de la ciudadanía. Ante la sensación de desprotección, cada vez más vecinos deciden romper la inercia del miedo para defender su integridad y su patrimonio en el momento del ataque. Tras la breve pero intensa lucha, el ladrón se vio obligado a abandonar el coche y huir junto a su cómplice en dirección a las arterias cercanas.
El impacto en los más chicos
A pesar de que el robo fue evitado, el daño emocional quedó marcado en el núcleo familiar. La hija de la pareja, una niña de apenas 10 años, presenció toda la secuencia desde la puerta de la casa. Según testimonios de los vecinos que se acercaron a socorrerlos, la menor se encontraba en un profundo estado de shock y llanto inconsolable tras ver a su padre luchar contra los asaltantes en la puerta de su propio hogar.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los riesgos de la resistencia civil y la creciente conflictividad en las calles, en un cierre de año marcado por la demanda de mayores medidas de prevención.

