Lo que para muchos es un «espectáculo» de destreza en la arena, para una familia se convirtió en una pesadilla. Un niño de 8 años se encuentra en estado crítico tras un choque múltiple ocurrido el pasado lunes en un sector conocido como «la tercera olla», en Pinamar. El siniestro involucró a una camioneta Volkswagen Amarok y dos vehículos del tipo UTV.
El menor, que ingresó al Hospital Comunitario de Pinamar con asistencia respiratoria mecánica, debió ser intervenido quirúrgicamente de urgencia debido a una hemorragia intraabdominal y rotura hepática. En las últimas horas, su cuadro se agravó debido a una marcada inestabilidad hemodinámica, lo que obligó a los médicos a realizar una nueva operación de urgencia para recambiar el «packing» de contención en su hígado.
El vacío legal de la «propiedad privada»
El accidente no ocurrió en una zona habilitada ni en el corredor seguro que dispone el municipio, sino un kilómetro y medio hacia el interior de un predio privado. Esta distinción es la que suele utilizarse como escudo ante la falta de controles efectivos.
Francisco Montes, secretario de Gobierno de Pinamar, explicó la dificultad de controlar estas áreas:
«Es terreno privado. Entonces, el municipio no tiene jurisdicción dentro de ese espacio. Lo único que podemos hacer es controlar los ingresos y egresos».
A pesar de esta limitación, el funcionario confirmó que ya se secuestraron once camionetas en las inmediaciones por realizar maniobras peligrosas, calificando la situación como «realmente difícil de contener» debido a la afluencia masiva de público que asiste a mirar estas pruebas.
Responsabilidad y consecuencias
El choque no solo afectó al niño de 8 años. Otras dos menores, de 7 y 9 años, sufrieron traumatismos; una de ellas debió ser derivada a Mar del Plata con una fractura maxilar.
La justicia investiga el caso bajo la carátula de lesiones culposas. Las pericias buscan determinar si se cumplían las medidas mínimas de seguridad, como el uso de cinturones o sistemas de retención infantil, elementos que muchas veces se ignoran en el clima de «vale todo» que suele reinar en los médanos. La pregunta que queda flotando es quién asume la responsabilidad por exponer a menores a vehículos de alta potencia en terrenos donde, por ser privados, la ley parece no llegar.

