La tragedia que enlutó los festejos de carnaval en Mercedes este último fin de semana suma un nuevo capítulo judicial. En las últimas horas, las fuerzas de seguridad hicieron efectiva la detención de Omar Teodoro Auza, de 54 años, quien se convierte en el tercer sospechoso bajo custodia por el asesinato de Brian Tomás Cabrera, el joven de 18 años cuya vida se extinguió entre el confeti y el estruendo de las murgas.
La trama de una tragedia familiar
Lo que en principio parecía un arrebato de violencia espontánea, comienza a configurarse bajo la lupa de la justicia como un entramado familiar de extrema gravedad. El nuevo detenido, Omar Auza, no es un extraño en la causa: es pariente directo de los primeros dos imputados, María Luján Auza (33) y su hijo Martín Ezequiel Auza (19).
Desde una lectura casi antropológica de la violencia urbana, resulta escalofriante observar cómo tres generaciones —o al menos tres miembros de un mismo núcleo— se ven envueltos en la supresión de una vida ajena. Según fuentes de la investigación liderada por el fiscal Matías Lattaro, el rol de Omar Auza habría sido determinante: se lo señala como el presunto facilitador del arma de fuego.
Crónica de un domingo sangriento
Los hechos, que remiten a las páginas más oscuras de nuestra crónica policial, ocurrieron cerca de la una de la madrugada del domingo en la Avenida 29. Mientras una banda musical marcaba el ritmo de la festividad, una discusión —esa chispa banal que suele anteceder a la tragedia en contextos de desmesura— escaló hacia un ataque armado sin retorno.
Brian Cabrera recibió impactos de bala en zonas vitales: cabeza y tórax. Lo que siguió fue el paroxismo del horror:
- La caída: El joven se desplomó en plena calzada ante la mirada de una multitud que trocó el baile por la huida desesperada.
- El desenlace: A pesar de la intervención en el Hospital Blas Dubarry, la fragilidad de la biología humana cedió tras dos paros cardiorrespiratorios.
El estado de la causa
El fiscal Lattaro avanza hoy con las indagatorias de los primeros detenidos. La sociedad mercedina, y por extensión la provincia toda, asiste una vez más al triste espectáculo de una celebración popular deglutida por la violencia ciega.
La pregunta que nos queda, desde la filosofía del derecho y la ética ciudadana, es cómo un espacio de encuentro colectivo termina convertido en un cadalso.

