Mientras la Municipalidad de Escobar consolida para 2026 un esquema de aumentos que ya llevó las tasas de Servicios Generales a incrementos acumulados superiores a la inflación en 2025, la realidad en las calles parece circular por una vía distinta. Ya son más de 10 los vecinos que se contactaron con nuestra redacción, todos con un denominador común: la sensación de desprotección ante la inacción de servicios que, en los papeles, prometen eficiencia y cercanía, pero en la práctica se diluyen en burocracia.
El caso del Barrio Philips es paradigmático. Durante las últimas jornadas de calor extremo, la intersección de la calle Cuyo, entre Asborno e Hipólito Yrigoyen, se convirtió en una trampa de humo tóxico. Un vecino recurrente, denunciado por otros habitantes de la zona, incendió basura y restos de neumáticos en plena vía pública, contaminando el aire en un momento de vulnerabilidad climática.
«Ojos y Oídos» que no quieren ver
La respuesta del sistema de seguridad municipal «Ojos y Oídos en Alerta» —el programa insignia de la gestión para la prevención— dejó mucho que desear. Ante el pedido de auxilio de una vecina, la respuesta del operador fue el pedido sistemático de fotos del hecho.
«No corresponde que yo me exponga, no corresponde que sea yo la que haga un trámite o saque una foto cuando les estoy avisando que el vecino está prendiendo fuego ahora», relató una de las damnificadas a este medio.
La vecina, paciente oncológica que debe soportar la quema de goma frente a su hogar, denunció la insensibilidad de los operadores: «Me dicen que mañana vaya a Atención al Vecino a abrir un expediente, mientras hoy me estoy intoxicando». La exigencia de pruebas visuales por parte del personal municipal no solo delega la responsabilidad de patrullaje en el ciudadano, sino que lo expone a represalias directas por parte de sujetos que, según afirman en el barrio, mantienen conductas delictivas.
Burocracia vs. Emergencia
El reclamo escaló hacia Defensa Civil, donde la respuesta fue similar. Según el testimonio de los vecinos, el personal se limita a pedir información que el propio municipio debería constatar con los patrulleros que circulan por la zona. «¿Cuál es la función que cumplen? ¿Esperar que alguien llame para decir ‘arreglate como puedas’? El aire está contaminado ahora, no mañana cuando abra la oficina», sentenció otra vecina indignada.
A esta situación se suman otras irregularidades en el barrio que parecen invisibles para el control municipal:
- Veredas obstruidas por bolsas de arena y escombros de forma permanente.
- Vehículos con patentes tapadas con media sombra para evitar identificaciones, y así, las multas correspondientes por obstruir el paso peatonal.
- Quemas simultáneas en calles aledañas como Asborno y Paseo de Julio.
El contraste económico
Esta parálisis operativa ocurre en un contexto de fuerte presión fiscal. Para enero de 2026, los vecinos de Escobar recibirán sus boletas con un incremento base de entre el 25% y 30%, que se sumará a los ajustes mensuales por inflación (IPC) aplicados durante todo el 2025.
El interrogante que se repite en el Barrio Philips y se extiende a todo el partido es: ¿A dónde van los impuestos? Si la respuesta ante una emergencia ambiental o de convivencia es «saque una foto y venga mañana a hacer el expediente», el sistema de prevención local parece ser, para muchos, un servicio que solo existe en el plano de la comunicación oficial, pero que deja al vecino solo frente a cualquier conflicto.





