Cinco ideas de las ciencias del comportamiento para plantearse nuevos objetivos y cumplirlos

Con el año recién estrenado, existe la idea de elaborar un listado de metas para organizar el nuevo período. Sin embargo, la forma en la que se hace cada una de esas resoluciones está asociada a su éxito. Algunas herramientas para planificarlas y concretarlas.


¿Sirve de algo hacer planes o promesas para el nuevo año? En realidad, en todos los comienzos de año se repite la misma duda. Hay quienes los harán y lograrán cumplirlos; otros que no se preocupan y otros que no lograron o tendrán la sensación de no cumplirlos. Hay encuestas que se hacen sobre el tema y la perspectiva no parece muy positiva: muchas personas hacen propósitos de año nuevo, pero pocas personas realmente los llevan a cabo.

Intentando llevar algún aporte en este sentido existen herramientas que pueden ayudar, cada uno decidirá aplicarlas o no. Algunas son de orden general y la base de todo lo demás, y en algunos casos ocupan cuestiones que todos esperamos y ponemos como objetivos en general.

Siguiendo estas sugerencias, para poder estar bien, los regímenes de ejercicio, sueño, alimentación y descanso son básicos, y en general muchos planes no funcionan, simplemente, porque no tenemos la energía para empezarlos y cuando queremos esperar el momento para abordarlos, ya es bien avanzado el año.

Quizás un primer punto, más que cuáles son las metas, sea si estamos en condiciones físicas y psíquicas de llevarlas a cabo. En este contexto, un mal de la época, la fatiga, y en el trabajo, inclusive el burnout, viene simplemente por no entender que, para ser productivos necesitamos equilibrar la actividad con el descanso.

Algunos estudios dicen que el máximo de capacidad de concentración diaria es de 4/5 horas, lo más concreto en relación con los ritmos ultra y circadianos es que funcionamos por periodos de máximo 90 minutos. Ahí puede haber algo previo a lo que planeamos, y es cómo podemos llevarlo a cabo.

Algunas propuestas que se hacen desde las ciencias del comportamiento, es decir los estudios en los que se mide experimentalmente resultados en el área comportamental, parecen ser coincidentes en algunos puntos:

1. Las personas a menudo no hacen sus resoluciones lo suficientemente específicas, están redactadas de manera demasiado negativa y no son relevantes para el individuo. Otra forma de plantearlo es que hagamos o tomemos una resolución sólo si realmente implica algo que nos motive, que queramos cambiar, no porque otros lo hacen o nos parezca bueno, sino que tenga justificaciones que nos sirva recordar. Esta asociación de la idea, la propuesta, es decir, la cognición, asociada a la emoción, y de ser posible a la acción motora, el comportamiento, permite que haya alguna posibilidad mayor de fijarla.

2. Planear resoluciones difusas. Este es un punto personal para cada uno, pero por ejemplo “hacer más ejercicio” o “perder peso” son formas fáciles de autoboicot, de prepararse para el fracaso, ya que no es muy claro cómo marcar el progreso. Son lo que a veces se llama “objetivos aspiracionales”, y es poco probable que nos mantengan motivados durante todo el año.

Marcar en una app o aplicación en el celular una meta en una fecha e irla fragmentando semanalmente, por ejemplo, y que sea medible, permite la retribución que nos da el logro.

Tener un cronograma de la resolución con puntos de referencia a corto, mediano y largo plazo permitirá saber que estamos en camino de lograr el objetivo.

Es importante aquí diferenciar entre las retribuciones inmediatas ligadas al circuito cerebral del placer y las postergadas, que son, en general, más difíciles, pero son las que nos hacen progresar.

Al mismo tiempo, las resoluciones difusas, nos permiten algo que nuestro cerebro sabe también hacer muy bien, procrastinar, es decir postergar y también racionalizar, (“No lo hago ahora porque prefiero empezar bien en x tiempo”).

3. Proponer planes con un planteamiento negativo en lugar de uno positivo. El lenguaje por la negativa, “no tengo que hacer tal cosa”, en general sigue la lógica de la idea obsesiva, donde sabemos que luchar contra la idea la refuerza. Pensar en “no comer comida chatarra”, por ejemplo, lleva a veces a asociar con momentos agradables, con los cuales hay que luchar para no pensar en ellos.

Nuestro diálogo interno y pensamientos, cómo nos formulamos las diferentes cuestiones, hacen a nuestro comportamiento. Así, “tengo que comer tal cosa”, que eso sea algo sano y luego buscar cómo convertir eso sano en algo agradable, placentero, lo vuelve no sólo concreto, sino que nos asociamos mentalmente con otra idea y no “peleamos” contra la que supuestamente queremos dejar.

4. Las resoluciones deben ser absolutamente personales. Si bien hablamos de algunas cuestiones de índole general, como el sueño, el descanso, el ejercicio o la salud mental, es fundamental establecer algo propio y que no deba justificar o busque la aprobación de los demás. Esto se ve mucho en tendencias en salud, dietas, ejercicios y la multitud de gurúes influencers que hay en redes, y así en lugar de establecer algo propio, buscamos imitar algo que parece positivo, que sin duda quizás lo sea para quien lo propone, pero no sabemos si lo será para nosotros. Es decir, establecer objetivos a medida.

5. Prestar atención a los números. Cualquiera sea la propuesta, al igual que éstas son personales, también lo será el tiempo que necesitemos para instalar el nuevo hábito. Es muy frecuente en influencers motivacionales hablar de, por ejemplo, 21 días, 3 meses etc. Estudios experimentales, pero en realidad es sólo un dato, hablan de un rango entre 18 y 260 días para instalar un nuevo hábito. En resumen, como muchos papers, nos aclaran lo que todos sabemos y es que cada uno logra las cosas al propio paso. En realidad, hay que sostener la propuesta o volver a ella si tenemos algunas recaídas, el tiempo que sea necesario para que se vayan convirtiendo en un nuevo hábito, en una nueva vestimenta.

A inicio de año a veces hacemos larguísimas listas, en las cuales no sólo no somos específicos y no tenemos un plan detrás de cada una, sino que, inclusive, así fuera el caso, el factor prioridad no existe. Quizás los dedos de una mano alcancen y excedan la capacidad de objetivos de un año, así es que hay que seleccionarlos y priorizarlos bien. Y si el objetivo es uno o dos, pero los cumplimos, será un éxito, frente a una lista de 20 aspiraciones inconclusas, ya que de la misma manera que tenemos un refuerzo comportamental del éxito, también lo tenemos del fracaso. Por eso hay que prestarle atención e iniciar estos planes de manera muy concreta y seleccionada.

Estas estrategias y herramientas, aún aplicadas, no garantizan el éxito, pero ¿por qué no intentarlas? Si bien los logros pueden no ser completos, sin duda podemos obtener muchos beneficios y, en última instancia, nos encontraremos dentro de un año buscando elaborar las estrategias para un nuevo año que comienza.

(Infobae)

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